Siete experiencias singulares que vivir en Camp de Tarragona
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Siete experiencias singulares que vivir en Camp de Tarragona

Historia, naturaleza, cultura, gastronomía... en el sur de Catalunya

Siete experiencias singulares que vivir en Camp de Tarragona
lunes, 18 de julio de 2022

Enrique Sancho

Acostumbrados como estamos a la saturación de información de grandes destinos, invadidos por reportajes e informaciones de ciudades y lugares turísticos, hartos, casi, de escuchar las excelencias que cuentan turistas nacionales y extranjeros de aquí o de allá... olvidamos con frecuencia la esencia de paisajes, pueblos, gentes y sensaciones de algunos sitios demasiado callados que viven hacia adentro, pero están deseando hacerlo también hacia fuera y que sus vecinos cercanos o lejanos puedan disfrutarlos, como ellos lo hacen.

Camp de Tarragona, Terres de l’Ebre, Terra Alta..., allá donde Catalunya comienza a fundirse con el viejo reino de Valencia, son algunos de esos lugares que vale la pena rescatar de un cierto olvido, redescubrir con calma y disfrutar a tope. Camp de Tarragona es una de las ocho veguerías o ámbitos funcionales territoriales definidos en el Plan territorial general de Catalunya pero de origen mucho más antiguo, pervivencia del latín territorium tarraconensis que en la época romana designaba el territorio bajo influencia directa de Tarraco y no de ningún otro civitates. Con la denominación actual, Camp de Tarragona está documentado desde el año 1315. Difícil elegir solo siete de lugares de este territorio en los que disfrutar experiencias únicas, pero hay que intentarlo. Pueden ser estas:

Vivir la Tarragona de hace 2.000 años
Hay que comenzar por lo más evidente, lo más grande, lo más antiguo. Naturalmente, se trata de Tarragona –la capital de la provincia y de la comarca de Tarragonès–, o solo Tarraco como entonces se llamaba. Lo que empezó siendo un sencillo campamento militar terminó como una de las ciudades más importantes del Imperio romano y mucho de aquello todavía sigue aquí, formando parte del Patrimonio de la Humanidad. Como la muralla de la que aún se conservan más de 1.100 metros y que, junto a la de Lugo, es de las más grandes y mejor conservadas de Europa. El anfiteatro goza de una posición privilegiada al borde del mar, el que fuera escenario de luchas de gladiadores y ejecuciones es ahora símbolo de una ciudad que presume de su historia y sus profunda vinculación al Mediterráneo. El Circo, el Pretorio, la maqueta romana de Tarraco, el Foro, el Templo y otros lugares dan idea de lo que la urbe representó en la antigüedad y el Museo Nacional Arqueológico de Tarragona muestra una parte de lo que allí se encontró.

Descubrir la dura vida cisterciense en el Monasterio de Poblet
En medio del silencio que preside el Paraje Natural de Poblet, con sus singulares robles reboll que solo se encuentran aquí, los centenarios pinos, los acebos y tejos, tilos y avellanos... y tantos otros, pronto se descubre otro silencio, el que reina en la parte habitada por monjes cistercienses en el Monasterio de Poblet que contemplan, o imaginan, el paso de cientos de turistas y devotos que visitan este extraordinario lugar y algunos duermen en él. Este antiguo panteón real de la Corona de Aragón, producto de los siglos, posee una gran diversidad de construcciones y órdenes arquitectónicos, sin excesivos detalles escultóricos, que son de una sobriedad y una simplicidad prodigiosas. Pero lo que más llama la atención es ver los espacios que la comunidad de monjes utilizó en su día, como el gigantesco dormitorio común, los lugares de oración, el refectorio... Treinta monjes, que debieron pasar un duro periodo de más de seis años superando pruebas y votaciones secretas antes de ser aceptados, siguen conservando el espíritu de la regla de San Benito, quince siglos después. No muy lejos está el Monasterio de Santes Creus, joya del arte medieval catalán y el único monasterio de la Ruta del Císter que no tiene vida monástica.

Recordar la leyenda de Sant Jordi y el dragón en la muralla de Montblanc
Seguramente pocos saben que la tradición de regalar una rosa a las mujeres en el día de Sant Jordi nació, según la leyenda, frente a las murallas medievales de Montblanc, cuando una princesa iba a ser devorada por el dragón y el mismísimo Sant Jordi apareció y mató al monstruo, liberando a la doncella; en el lugar donde cayó la sangre del dragón nació un rosal y desde entonces se mantiene la tradición de ofrecer esa flor a la mujer amada (lo del libro se inventó al coincidir en el 23 de abril las muertes de Cervantes y Shakespeare). Pero Montblanc, capital de la Conca de Barberà, además de leyendas tiene muchas realidades, como la iglesia de Santa María la Mayor, también conocida como la Catedral de la Montaña, que soportó la Peste Negra y la Guerra dels Segadors, y otras varias iglesias –Sant Miquel, románica o Sant Marçal, gótica– y edificios civiles como el Palacio Real, el del Castlà, las casas Alenyà y Desclergue (góticas) y la casa Josa, de origen medieval.

Disfrutar la calçotada en el lugar donde nació
La calçotada es uno de los platos más típicos de toda Catalunya. Esas cebollas dulces y largas, que se plantan dos veces y que necesitan ser calzadas, o sea, ir añadiendo tierra a medida que crece (de ahí su nombre) que deben tomarse en invierno, preferentemente al aire libre, con babero, ennegrecidas por la llama y mojadas en una salsa de romesco, y acompañadas, a ser posible, de carne a la brasa y naranjas de postre, nacieron en la ciudad de Valls, en la comarca del Alt Camp, aunque se degustan en toda Catalunya y fuera de ella, cada vez más. Pero disfrutar de este manjar no es lo único que hay que hacer en Valls, también hay que darle al cuerpo un poco de cultura, visitando su iglesia de Sant Joan, que se remonta al siglo XVI y la Capella del Roser, con un mosaico de azulejos sobre la batalla de Lepanto de esa misma época. Y también a la fiesta, si se tiene suerte de coincidir con algunas de las actuaciones de La Colla Joves Xiquets de Valls un grupo castellero desde 1813, que sube hasta el cielo sus grupos de jóvenes en blanco y rojo.

Acudir al puerto de Cambrils y presenciar la subasta de pescado
Disfrutar de un pescado bien fresco –dorada, merluza, galera, calamar, pulpo...– y bien cocinado en cualquiera de los restaurantes y chiringuitos de Cambrils, sea junto a sus muchas playas o en el Barrio Antiguo es, sin duda, una grata experiencia en esta reconocida localidad del Baix Camp que se ha ganado a pulso el reconocimiento como Capital Gastronómica de la Costa Daurada. Pero ver cómo llegan a puerto esos excelentes pescados, todavía coleando, tiene aún más encanto y permite valorar el resultado de un duro trabajo. Hacia media tarde llegan las barcas de pesca, con las gaviotas acosándolos expectantes. Casi enseguida la Cofradía de Pescadores, que lleva haciendo este trabajo desde el siglo XVIII, inicia la subasta del pescado que, como es tradición, se hace a la baja. Y ya que estamos aquí, vale la pena disfrutar de otras experiencias turísticas que difunden los valores de la villa marinera, como el Museo de Historia de Cambrils, la Torre del Puerto, visitas teatralizadas al Puerto, visitas guiadas a la Lonja de Pescadores, la fiesta del Ormeig y el Parque del Pescador, donde se puede ver una embarcación construida por un maestro de ribera cambrilense.

El Priorat tierra de colores... y sabores
Tinto, blanco, rosado... aunque también matices como rojo púrpura, tonos cereza, amarillos pajizos, dorados. Por supuesto estamos en el Priorat y hay que empezar hablando de vinos, aunque también, siguiendo con colores, hay que hablar de los verdes tiernos de la primavera, de las garnachas tintadas con los morados de la puesta de sol, de las montañas de cobre de las que hablaba el poeta, de los olivos de plata. Dentro de cada botella se descubren las lluvias anheladas, los calores rigurosos, los fríos afilados... y la dura vida para conseguirlos, porque la orografía de solo 1.600 hectáreas es muy accidentada, caracterizada por los conocidos costers de Llicorella, y el cultivo de la viña es complicado, exigente y muy costoso. Es una zona "cataclismática" en palabras de Josep Pla. Claro que el buen vino hay que acompañarlo de buenas viandas y este es estupendo lugar para ello: conejos, caracoles, suquets, setas, níscalos, romescos... y dulces como orejones, matafaluga, celiandría, cócs rápidos, membrillo, pan de higo, tornos, panellets... No es éste lugar para ponerse a dieta.

Naturaleza y naturismo en Torredembarra
Dunas, salinas y salobrales, marismas y lagunas de agua salada donde crece el lirio de mar, la salicornia o el barrón, y por donde culebrean raras especies como la lagartija colirroja y vuela el chorlitejo patinegro. Estamos en el Espai d'Interès Natural de Els Muntanyans en el municipio de Torredembarra con la playa de siete kilómetros de largo que comparte con las poblaciones de Creixell y Roda de Barà. Es un lugar tranquilo en el que disfrutar de la naturaleza y el mar, como hacen muchos amantes del naturismo que buscan el contacto directo con la arena y el agua sin el impedimento del bañador. Los que se animen a caminar un poco llegarán a la playa del Canyadell con los espectaculares acantilados de Torredembarra que la rodean, un paisaje que combina la roca desnuda con la vegetación típica mediterránea y ahí también está el faro, el más alto de Catalunya. Cuesta trabajo salir de este entorno, pero vale la pena meterse en la población y conocer, por ejemplo, el Castillo de los Icart, sede del ayuntamiento, la Torre de la Vila que formó parte de él y se remonta al siglo XII, Cal Checo, declarado bien cultural de interés local, construido sobre el antiguo Castillo de Clarà, de época medieval, o la Iglesia Parroquial de San Pere y su magnífico órgano barroco de 1705.
 

Colaboran:DIPUTACIÓN DE MALAGAJunta de AndaluciaAyutamiento de Vélez MálagaAyutamiento de Rincón de la VictoriaAyutamiento de Nerja
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